Aún sin colonizar Marte ya se sabe cómo fabricar ladrillos con orina y bacterias para construir allí

Aún sin colonizar Marte ya se sabe cómo fabricar ladrillos con orina y bacterias para construir allí

  • CrimsonEcho
  • Marzo 31, 2026
  • 3 minutos

La futura colonia marciana ya tiene posible ladrillo: una mezcla de orina humana y dos cepas bacterianas capaces de convertir el suelo del planeta rojo en piedra. El concepto, publicado en Frontiers in Microbiology, consume hasta 50 veces menos energía que la sinterización térmica y elimina la necesidad de traer cemento desde la Tierra, abriendo la puerta a construcciones in situ cuando las misiones tripuladas aterricen en la década 2030-2040.

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Cómo el biocemento convertirá la orina en ladrillos marcianos

La clave está en la precipitación microbiana de carbonato cálcico. La cianobacteria Chroococcidiopsis sobrevive en vacío, produce oxígeno y desencadena reacciones que liberan calcio. A su vez, la Sporosarcina pasteurii descompone la urea presente en la orina humana y precipita carbonato, cementando partículas de regolito en una matriz rocosa. El resultado es un material resistente sin hornos ni aditivos terrestres, según el análisis de datos de misiones como Curiosity realizado por el Politécnico de Milán, la Universidad Central de Florida y la Universidad de Jiangsu.

El equipo propone un biorreactor compacto acoplado a un brazo robótico con boquilla de impresión 3D. La mezcla se inyecta sobre capas sucesivas de suelo marciano, endureciendo en pocas horas. Además de ahorrar lanzamientos, el proceso reduce el problema de gestión de residuos metabólicos de los astronautas, cerrando un círculo biológico que aprovecha hasta el último litro de orina.

Por qué aún no hemos construido ni un solo ladrillo en Marte

A pesar de su potencial, el método no ha sido probado fuera de modelos teóricos. La gravedad marciana, un tercio de la terrestre, debilita la microestructura de los cementos convencionales y podría afectar la resistencia del bioladrillo. Los percloratos del suelo, tóxicos para la mayoría de organismos, representan otro escollo; aunque Chroococcidiopsis resiste radiación y desecación, su tolerancia a estos compuestos debe demostrarse.

El rango térmico útil para ambas bacterias es estrecho, entre 15 °C y 35 °C, lo que obligaría a mantener la obra bajo una carpa climatizada. El agua necesaria para la reacción también debe purificarse de sales y metales pesados, y la estabilidad genética del cultivo a largo plazo es una incógnita. El proyecto se encuentra en la fase TRL 2: concepto validado sobre papel, pendiente de ensayos en simuladores lunares o en la Estación Espacial Internacional.

De Marte a la Tierra: construir más barato y sostenible

Más allá del espacio, la técnica puede revolucionar la construcción terrestre. La biocementación ya se emplea para estabilizar taludes y reparar grietas en hormigón, pero el uso de orina como fuente de urea reduce costes de materia prima y disminuye la huella de CO₂ frente al cemento Portland. Investigaciones previas muestran que la producción tradicional emite hasta 0,87 kg de CO₂ por kg de cemento; el proceso microbiano puede ser neutro o incluso secuestrar carbono al formar carbonato.

Además, la posibilidad de autoreparación abre la puerta a carreteras que cicatricen sus propios baches o a diques que sellen fisuras sin intervención humana. La misma ciencia que prepare la colonia marciana podría convertir nuestras ciudades en infraestructuras vivas, alimentadas por residuos domésticos y resilientes al cambio climático.