
Artemis II: el baño privado que hará del Apolo una chabola espacial
Artemis II, la misión lunar de la NASA prevista para el 1 de abril, llevará a cuatro astronautas en la cápsula Orión en un sobrevuelo de diez días alrededor de la Luna. Por primera vez, la tripulación contará con un váter privado, una mejora significativa respecto a los rudimentarios sistemas de higiene de las misiones Apolo, donde solo se usaban toallitas y bolsas de recolección. El nuevo sistema de succión permite la recolección de orina y heces con privacidad, gracias a una cortina y una puerta en el suelo, ofreciendo comodidad y eficiencia en microgravedad.
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Cómo funciona el baño en microgravedad
El baño de Artemis II se basa en la tecnología de la Estación Espacial Internacional. Cada astronauta dispone de una manguera conectada a un embudo que, mediante succión de aire, atrae la orina hacia un contenedor sellado. El sistema está diseñado para adaptarse tanto a la anatomía masculina como femenina, garantizando una recolección eficaz sin derrames. Además, una cortina retráctil y una puerta en el suelo proporcionan la intimidad que nunca existió en los vuelos Apolo.
Comparativa con el programa Apolo
Durante las misiones Apolo, entre 1969 y 1972, los doce astronautas solo contaban con toallitas húmedas y dispositivos similares a preservativos para la orina, que debían cambiarse a diario. Las heces se recogían en bolsas adheridas a las nalgas, con frecuentes escapes que incluso obligaron a un astronauta a solicitar una servilleta para atrapar un fragmento flotante. Además, la falta de una zona privada obligaba a los tripulantes a realizar sus necesidades en plena vista del resto de la tripulación.
Impacto en futuras misiones lunares
La incorporación del váter en Artemis II marca un paso decisivo para misiones de larga duración, como los planes de la NASA hacia Marte. Al reducir la necesidad de transportar grandes cantidades de agua y al permitir la reutilización de residuos, el sistema mejora la eficiencia de la carga y la comodidad de la tripulación. Esta innovación también abre la puerta a diseños de hábitats más habitables, donde la higiene personal no será un desafío en entornos de microgravedad.
